11/5/12

Guerrilleros ucranianos


Los ucranianos en un momento de descanso en la batalla, perfectamente pertrechados y con una moral altísima, como se aprecia en sus rostros.

11/5/10

Asun y un descerebrado mejicano, en Monreal


Aprovechando que Joaquín estaba en el gimnasio machacándose o en clases de alemán, el del PRI toma posiciones.  

5/8/07

Primera excursión 1985



En aquel invierno de 1985 hicimos nuestras primeras armas desde Navacerrada hasta Valsaín. Sin arrogancias ni pretensiones especiales, cruzamos los pinares pertrechados de un equipamento austero pero eficaz contra las posibles adversidades climatológicas.En la foto de la derecha vemos como, mientras Guillermo y Mario rezan sus preces diarias, Juanjo da cuenta de un trozo de chorizo y Julián examina el cielo para orientarnos en nuestra arriesgada travesía.

Cumbres escurialenses 1986




En esta inolvidable jornada, cuando Juanjo llegó extenuado y sudoroso a Risco Alto, preguntó: ¿sabe alguien donde está la sucursal de la cafeteria Manila más cercana?
En una de estas fotos distinguireis al tal Juanjo, ataviado con la típica vestimenta de peón de albañil en agosto.

Llamada al orden


Guillermo y yo siempre nos hemos llevado muy bien, pero en esta ocasión le tuve que reprender: se había comido un melón entero y no lo quería declarar. Pero bien que se le notaba....

Quien me mandará a mi? 1986


Esa frase cuentan que la dijo Carmen por los altos de Somosierra, cuando se vio rodeada de esta panda de facisnerosos.
Obsérvese como se le subieron las hormigas a Joaquín, mientras Miguel, con cara de niño, esconde una cerveza fría por detrás. Guillermo llevaba con elegancia una cantimplora tipo Lawrence de Arabia.
Esto acaecía en Somosierra, en 1986

El despertar de Joaquín. 1986, en Urbión..



Joaquín siempre ha tenido muy mal despertar.
Fuimos a Urbión y decidimos que la única manera de saber quien era el que roncaba por las noches, pasaba porque las chicas durmiesen en una tienda en el centro y Joaquín y yo, uno a cada lado. El veredicto mañanero fue unánime: ¡roncais los dos!